Algunos políticos ascienden de forma silenciosa y gradual hasta que, un buen día, se convierten en el centro de atención, sin que nadie logre recordar con exactitud cuándo ocurrió ese momento. Aunque existen matices, Ester Muñoz encaja en este perfil. Pese a su ascenso metódico y constante dentro del Partido Popular (PP), su actitud al intervenir desde la tribuna dista mucho de ser silenciosa.
Muñoz, nacida en Murcia en 1985, cursó estudios de Derecho en la Universidad de A Coruña, obtuvo su título en Murcia y completó un máster en Derecho Internacional. En 2011, se colegió como abogada en Madrid y, ese mismo año, comenzó a ganar protagonismo en el PP. Fuentes cercanas a ella señalan que, con anterioridad, trabajó en el sector de las ventas en la capital. Aunque se trata de un detalle menor, ilustra una trayectoria profesional no lineal.
En 2016, se convirtió en senadora por León. Allí se ganó la reputación de realizar intervenciones directas, llegando en ocasiones más lejos de lo que la situación requería. Un comentario suyo sobre los fondos destinados a las exhumaciones en el marco de la Ley de Memoria Histórica —en el que se refirió a «desenterrar unos huesos» como si se tratara de un gasto absurdo— desató una polémica que aún hoy se recuerda para ejemplificar su estilo. El daño ya estaba hecho —o, según cómo se mire, se había logrado el efecto buscado—, a pesar de que más tarde ella aclaró a qué se refería exactamente.

En julio de 2025, asumió el cargo de portavoz del grupo parlamentario del Partido Popular en el Congreso, tras el nombramiento de Miguel Tellado como secretario general. Es la cara más visible del PP en la actividad parlamentaria, y Alberto Núñez Feijóo la ha elegido como portavoz principal para su campaña de cara a las elecciones generales del 29 de noviembre. Borja Sémper continúa como portavoz nacional del partido, y a ellos se suma Alma Ezcurra, responsable del programa electoral; no obstante, es Muñoz quien se encarga de la comunicación diaria.
Su retórica de campaña destaca por no intentar ocultar su tono combativo. Utilizó la ausencia de José Luis Rodríguez Zapatero en un reciente mitin en Ponferrada para poner en duda la imagen que el PSOE proyecta del expresidente del Gobierno, calificándolo —con tono irónico— de «referente moral» de Sánchez. Su argumento era sencillo: el hecho de que Zapatero no asistiera a un acto en su tierra natal, León, dice mucho sobre el peso real de su legado en esa zona.
Además, se ha volcado de lleno en el debate sobre la vivienda, un tema en el que el PP ve una oportunidad real de cara al 29 de noviembre. Cuando salió a la luz información sobre el patrimonio inmobiliario de la pareja de Montse Mínguez, Muñoz respondió al lema socialista «Vota con V de vivienda» con una variante que se hizo viral en redes: «Con V de vivienda… y con B de buitres». Es el tipo de comentario mordaz que se queda grabado en la memoria durante una campaña y que, sinceramente, resulta difícil de rebatir en una intervención de apenas tres segundos.
Esto ha tenido un coste. Muñoz comparó la breve detención, por parte de Israel, de un militar español —integrante del contingente de la FINUL en el Líbano el pasado mes de abril— con un simple control de tráfico. La reacción fue inmediata: el ministro de Defensa endureció su postura y el ministro de Asuntos Exteriores pidió disculpas públicamente. Fue uno de esos momentos en los que su habitual agilidad verbal —la misma que caracteriza su desempeño en el Congreso— la dejó expuesta en un contexto mucho más delicado.
Ester Muñoz parece desenvolverse mejor en los debates estrictamente políticos que en situaciones que exigen precisión diplomática. Cuenta con un firme respaldo dentro del PP, pero fuera del partido suscita reacciones que van desde el respeto hasta el rechazo absoluto; rara vez genera indiferencia. Quizá sea precisamente eso lo que busca Feijóo, quien necesita movilizar a sus bases y marcar distancias con el PSOE en un ciclo electoral complejo. El 29 de noviembre veremos si el riesgo ha merecido la pena.
