El Paseo del Prado, con sus banderas, el sol madrileño de octubre, los uniformes de gala y los caballos en formación, cobra el aire de un escenario natural durante las grandes celebraciones nacionales de España. Aunque no siempre comulgue con lo que presencia, el 12 de octubre lo transforma una vez más en una pantalla donde la nación se contempla a sí misma.
El momento de mayor tensión de la jornada del lunes no tuvo nada que ver con un avión ni con un regimiento, sino con la puerta de un coche que tardó varios minutos en abrirse.
Pedro Sánchez llegó en su coche oficial a la plaza de Cánovas del Castillo y permaneció en su interior unos instantes antes de bajar. Quizás fuera una cuestión de protocolo. O tal vez no. Cuando finalmente salió, parte del público cercano le abucheó, le silbó y le gritó consignas como «¡Fuera de la Moncloa!» y «¡Dimisión!». Por supuesto, la escena no era nueva. Sin embargo, este año cobró un matiz distinto. Sánchez llegaba al acto tras haber disuelto el Parlamento y convocado elecciones generales para el 29 de noviembre, después de que sus decretos sobre vivienda fueran rechazados en la Cámara.
Los Reyes llegaron cinco minutos más tarde. La reina Letizia acompañaba a Felipe VI, que vestía el uniforme de gala del Ejército del Aire; tras ellos caminaban la princesa Leonor y la infanta Sofía. Los vítores y aplausos surgieron de inmediato. A lo largo de la línea de autoridades resonó el grito de «¡Viva el Rey!». Era difícil no percibir el contraste, y probablemente nadie en aquel bulevar pasó por alto el detalle.

Durante la ceremonia se produjo un momento humano y fugaz. La princesa Leonor, vestida con el uniforme del Ejército de Tierra, dejó caer brevemente el collar de la Orden del Toisón de Oro sobre la acera. Con calma, se agachó para recogerlo, lanzó una rápida mirada a su padre y continuó como si nada hubiera ocurrido. Es el tipo de detalle de un desfile que la mayoría de la gente olvida, pero que aquel día destacó precisamente por su cotidianidad en medio de tanta solemnidad.
El desfile en sí fue de gran envergadura. Junto a 144 vehículos, 286 caballos y 34 aviones de combate que sobrevolaron la capital, unos 4.380 militares desfilaron por el Paseo del Prado y el Paseo de Recoletos. Cuatro aviones Eurofighter del Ala 14 utilizaron humo de colores para dibujar la bandera de España en el cielo, una hazaña que, según el Ejército del Aire, nunca antes se había logrado. Esta fue la mayor sorpresa de la jornada. Unas 80.000 personas presenciaron el acto desde las aceras.
Sánchez habló sobre diversidad, derechos sociales y orgullo nacional en un vídeo oficial difundido antes del evento. “Este 12 de octubre, llevamos nuestros derechos por bandera”, afirmó. Es posible que parte del público se sintiera identificado con ese mensaje; sin embargo, la reacción que recibió al bajar de su coche indica que existe otro grupo que no desea escucharle en estos momentos.
Lo que sucederá el 29 de noviembre es aún una incógnita. Este podría haber sido el penúltimo o el último desfile de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Las encuestas que circulan actualmente no le otorgan una ventaja cómoda, aunque todavía es pronto para sacar conclusiones. No obstante, parece que ni la oposición ni los medios de comunicación fueron los artífices del clima político que rodeó este 12 de octubre; dicho ambiente se hizo patente en el Paseo del Prado.
