Pocas personas conocían las funciones exactas de un controlador ferroviario antes del accidente de Urda. Entonces, todo el mundo empezó a dar su opinión. Eso por sí solo dice mucho sobre cómo funciona este país cuando algo sale mal.

Un profesional que supervisa el movimiento en tiempo real de los trenes a lo largo de un tramo concreto de la red se denomina controlador ferroviario, aunque a veces también se le conoce como controlador de tráfico. Estos técnicos supervisan las llegadas y salidas, autorizan a los trenes a pasar las señales, se comunican con los maquinistas por teléfono o radio y gestionan cualquier incidente que se produzca en la línea desde los Centros de Regulación y Control (CRC). Lo hacen en tiempo real, sin margen de error, mientras vigilan varias pantallas a la vez, los trenes en movimiento y los teléfonos que no dejan de sonar.
Tabla de información:
| Detalle | Información |
|---|---|
| Accidente de referencia | Choque de trenes en Urda, Toledo |
| Profesión | Controlador ferroviario (factor de circulación) |
| Función principal | Gestionar en tiempo real la circulación de trenes en la red ferroviaria |
| Lugar de trabajo | Centros de Regulación y Control (CRC) |
| CRC principal afectado | Atocha, Madrid |
| Sistema de seguridad fallido | LZB (solo vigente en línea Madrid-Sevilla) |
| Sistema alternativo moderno | ERTMS (en el resto de líneas) |
| Software de seguimiento | Sitra (reportado como defectuoso, se congela a diario) |
| Salario aproximado | 1.600 euros al mes |
| Trenes que puede controlar un operador | Hasta 22 trenes |
| Controladores en Atocha (2012) | 70 |
| Controladores en Atocha (2026) | 133 |
| Déficit estimado de personal | Unos 18 controladores |
| Aumento del tráfico ferroviario (últimos 5 años) | 42% |
| Sindicatos implicados | CSIF, Sindicato de Circulación Ferroviaria |
| Portavoz de CSIF | Pedro Poves |
| Secretaria de Madrid del SCF | Laura Higuera |
| Ministro de Transportes | Óscar Puente |
| Exigencia de los controladores | Dimisión del ministro y más personal |
| Requisitos de formación | Bachillerato o FP Grado Superior, curso homologado en reglamentación ferroviaria |
| Reconocimiento médico | Obligatorio (visión, audición y salud óptimas) |
| Duración del funcionamiento en modo degradado | Descrito como el modo habitual de la red nacional |
El problema que ha surgido tras el accidente de Urda no es que los controladores sean incapaces de desempeñar sus funciones. Más bien, es que llevan años trabajando en lo que muchos consideran condiciones insostenibles. «La vida de 600 personas no puede depender de que un compañero, en una fracción de segundo, abra por casualidad una pantalla u otra», afirmó Pedro Poves, trabajador ferroviario y portavoz del sindicato CSIF. Esta es una descripción fiel de cómo funciona el sistema en caso de que falle el sistema automático de protección de trenes, o LZB. Los técnicos de la línea Madrid-Sevilla afirman que el LZB falla casi a diario.
Resulta difícil leer algunos de los relatos de los trabajadores sin sentirse alarmado: monitores sostenidos por el tubo de cartón de un rollo de papel higiénico; cables que, al tocarlos, hacen que las pantallas se apaguen. Cada día, a veces en medio de un incidente, el programa «Sitra» —el software que utilizan los controladores para supervisar el avance de cada tren— se cuelga. «Es como intentar ejecutar la última versión de Windows en un ordenador del año 2000», como lo describió una persona. Se ven obligados a trabajar de memoria —sin ningún dato— cuando una pantalla se queda en blanco, guiándose por el instinto de quien conoce a la perfección esos kilómetros de vía.
A continuación viene el problema de la dotación de personal. El número de empleados en Atocha ha aumentado de 70 en 2012 a 133 en la actualidad, según el ministro Áscar Puente. Por su parte, los controladores sostienen que se necesitan al menos 18 empleados más, ya que el tráfico ferroviario ha crecido un 42 % en los últimos cinco años. Según Poves, «un solo controlador puede gestionar hasta 22 trenes», y considera que, dada la proporción actual, el margen de error es muy reducido. Algunas noches, ese margen se reduce aún más: los propios operadores califican de «infernales» los turnos de madrugada en Atocha, cuando se realiza la mayor parte de los trabajos de mantenimiento. Una sola página del libro de registro correspondiente a esas horas contiene confirmaciones de trabajos de mantenimiento de vías intercaladas con más de diez autorizaciones para pasar señales, todo ello en un intervalo de 90 minutos. Según un operador, «te deja completamente agotado».
El salario mensual de un controlador ferroviario es de aproximadamente 1.600 euros, lo cual llama la atención dado el grado de responsabilidad que conlleva el puesto. La propia profesión admite que cubrir estos puestos resulta realmente complicado, quizá precisamente por esto. Muchas personas prefieren no trabajar en este sector, no por falta de compromiso, sino por la presión extrema y las condiciones laborales desfavorables.
A raíz del incidente, los controladores han negado públicamente cualquier responsabilidad por los sucesos de Urda y han exigido la dimisión del ministro de Transportes. «Nos ha utilizado como chivo expiatorio», afirmó Laura Higuera, secretaria del Sindicato de Tráfico Ferroviario de Madrid. Es posible que la responsabilidad sea compartida por diferentes niveles del sistema. Según los propios empleados, es evidente que la serie de decisiones que condujeron a lo ocurrido aquel miércoles en Toledo comenzó mucho antes.
