Esta noche, los relojes se atrasarán ligeramente mientras la mayoría de los españoles duermen. Las manecillas volverán a las 2:00 de la madrugada del domingo 25 de octubre de 2026, exactamente a las 3:00 de la madrugada. En las Islas Canarias ocurrirá lo mismo, aunque una hora antes. Al menos sobre el papel, dormiremos un poco más el domingo, que oficialmente durará 25 horas. Bienvenidos de nuevo a la temporada de invierno.
Sin intervención humana, los teléfonos móviles y los ordenadores conectados se ajustarán automáticamente. Tendrás que acordarte de ajustar manualmente los relojes de pared, los despertadores convencionales o los microondas con pantalla digital que hayan estado parpadeando desde el último corte de luz. En un mundo en el que casi todo lo demás se sincroniza automáticamente, es uno de esos pequeños rituales que perduran, un vestigio de una época pasada.

Desde 1918, España cambia la hora, aparentemente para ahorrar carbón. Durante la crisis del petróleo de 1974, la práctica se reinstauró de forma más generalizada y, desde 1981, es obligatoria en todos los países de la zona del euro. Según la normativa vigente, recogida en la Directiva 2000/84/CE del Parlamento Europeo, los relojes deben adelantarse en marzo para aprovechar la luz del día en verano y atrasarse en octubre para volver al horario estándar. Este sistema apenas ha sufrido cambios en décadas.
| Evento | Cambio de hora, paso al horario de invierno |
| Fecha | Madrugada del sábado 24 al domingo 25 de octubre de 2026 |
| Hora del cambio (Península y Baleares) | A las 03:00, los relojes se retrasan hasta las 02:00 |
| Hora del cambio (Islas Canarias) | A las 02:00, los relojes se retrasan hasta la 01:00 |
| Dirección del ajuste | Se atrasa el reloj una hora |
| Duración del día | 25 horas (un domingo con hora extra oficial) |
| Efecto en el sueño | Se duerme una hora más |
| Efecto en la luz | Amanece antes, pero anochece más temprano |
| Dispositivos automáticos | Móviles y ordenadores conectados se actualizan solos |
| Dispositivos manuales | Relojes analógicos y aparatos sin conexión requieren ajuste manual |
| Marco legal europeo | Directiva 2000/84/CE del Parlamento Europeo y del Consejo |
| Obligatorio en la eurozona desde | 1981 |
| Primer uso en España | 1918 (para ahorrar carbón) |
| Recuperado en | 1974, durante la crisis del petróleo |
| Próximo cambio de hora | Último domingo de marzo 2027 (cambio al horario de verano) |
| Debate sobre eliminación | Sánchez solicitó a la UE en octubre de 2025 suprimir el cambio estacional |
| Estado del debate en la UE | Sin resolución; desacuerdo entre estados miembros |
| Efectos en la salud | Alteraciones del sueño, somnolencia, irritabilidad en algunos grupos; más acusados en el cambio de primavera |
| Revisión científica de referencia | Steponenaite et al., 2026 — European Journal of Epidemiology (157 estudios, 36 países) |
| Situación particular de España | Usa la Hora Central Europea pese a estar parcialmente al oeste del meridiano de Greenwich |
El problema es que la cuestión de si esta práctica sigue teniendo sentido se vuelve más acuciante con cada año que pasa. El ahorro energético fue el motivo inicial de la controversia. Sin embargo, numerosos expertos llevan tiempo señalando que estos ahorros son ahora marginales, si es que existen. Desde 1974, los patrones de consumo han cambiado drásticamente. Por ejemplo, las pantallas no se apagan por la noche, y los sistemas de calefacción y aire acondicionado siguen sus propios horarios. Además, las personas siguen pagando un verdadero coste biológico en forma de trastornos del sueño, somnolencia y cierta dificultad para adaptarse —al menos durante unos días—.
La ciencia sobre este tema es más compleja de lo que se suele describir. La afirmación de que los cambios de hora son siempre perjudiciales no está respaldada por las pruebas, según una revisión exhaustiva publicada en 2026 que examinó más de 150 estudios de 36 países diferentes. El cambio de primavera, en el que se pierde una hora, tiene más probabilidades de tener efectos negativos que el de otoño, en el que se gana una hora. Sin embargo, la Sociedad Española del Sueño ha advertido en repetidas ocasiones de que, en los días posteriores al ajuste, algunos grupos —especialmente aquellos con cronotipos «nocturnos»— pueden experimentar irritabilidad, insomnio y una disminución de la productividad en el trabajo. No es un desastre, pero tampoco es algo sin importancia.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, instó a la Unión Europea a eliminar el cambio estacional de hora en una publicación en redes sociales de octubre de 2025, alegando que ya no ahorra energía y tiene un efecto perjudicial en la vida cotidiana y la salud. El Consejo Europeo de Energía recibió la solicitud. Un año después, la política sigue vigente. Esta idea lleva décadas circulando por Bruselas. En 2018, la Comisión Europea la consideró seriamente, pero no se cumplieron los plazos, y las disputas entre los Estados miembros sobre qué huso horario adoptar de forma permanente han impedido cualquier avance significativo. Es una de esas situaciones en las que todo el mundo está de acuerdo en la cuestión, pero discrepa sobre cómo resolverla.
Además, España plantea un reto especial que complica aún más el debate. A pesar de que una parte significativa de su territorio se encuentra geográficamente al oeste del meridiano de Greenwich, la España peninsular se rige por la hora centroeuropea durante el invierno. Como consecuencia, la hora solar y la hora oficial difieren significativamente, sobre todo en la parte occidental del país. Los ritmos del amanecer y el atardecer en Galicia, Extremadura e incluso gran parte de Castilla no siempre coinciden con la hora del reloj.
Pero todo eso quedará en el olvido esta noche. Puede que alguien llegue una hora antes a una cita sin recordar por qué, que suene una alarma que nadie haya podido apagar a tiempo, y que los madrugadores se den cuenta de que el amanecer llega un poco antes que ayer. Anochecerá antes. Se trata del cambio horario de octubre de 2026, más polémico que nunca y tan oportuno como siempre.
